LA ÉPOCA PREHISTÓRICA EN EL TRAMO MEDIO DEL RÍO TORMES

Las etapas culturales del Paleolítico

HerramientasLos primeros indicios de ocupación que encontramos en la zona corresponden a la etapa cultural del Paleolítico Inferior.  Hablamos en este momento de la presencia de comunidades nómadas y cazadoras que encuentran en los cauces fluviales una referencia básica para su modo de vida.  Allí encontrarán caza y también la  abundante materia prima necesaria para fabricar utensilios y armas.

La mayor parte de los yacimientos que encontramos en esta etapa prehistórica están en posición secundaria; es decir,  que la concentración de materiales - cuarcitas trabajadas-, aparece  en un lugar distinto  de aquel en donde fueron originariamente fabricados y utilizados.

En el tramo medio del Tormes se conocen varias de estas concentraciones de útiles líticos pues sus  terrazas fluviales han sido prospectadas por arqueólogos y prehistoriadores con relativa intensidad. A partir de estos trabajos sabemos que la mayor parte de los restos pertenecen a culturas adscritas a la cultura denominada Achelense Medio, para las que hay que considerar una antigüedad de unos 150.000 años.

Aunque no se ha encontrado hasta el momento ninguna concentración importante de útiles líticos en su término municipal sí es frecuente el  hallazgo de piezas aisladas en los alrededores de Huerta.

El Neolítico en el tramo medio del Tormes. El megalitismo

Megalito

Cronológicamente, las siguientes culturas representadas en la comarca  son de la etapa neolítica, situándonos en torno al 3.000 antes de Cristo. Las construcciones monumentales más destacables de esta etapa prehistórica son los megalitos, túmulos funerarios que llamamos vulgarmente dólmenes. Existen varios en las inmediaciones de Huerta, aunque no se haya reconocido la existencia de ninguno de estos monumentos en su término municipal.

Se conocen en el tramo medio del Tormes algunos de estos sepulcros megalíticos como el de Terradillos (Piedras Hincadas) y el de Martínamor (San Pelayo), al otro lado del río. Testigos de su presencia en el paisaje de la zona, aunque hoy estén desaparecidos, son   topónimos como la “torrecilla”, el “turrión” o el “turuñuelo” (tiriñuelo), que encontramos en varios términos municipales. De esta época es un puñal de bronce de hoja triangular aparecido en El Cenizal (San Morales) junto a un pequeño fragmento de cerámica con decoración puntillada.

La ubicación preferida de estos monumentos en Salamanca es en la vega de los ríos, con frecuencia al borde de la primera terraza, escarpada unos metros sobre la llanura de inundación, donde la visibilidad fuera grande. Su visibilidad es lo que ha motivado alguna de las denominaciones que en el campo charro reciben con frecuencia estos monumentos, incluso reducidos a alguna de las lajas  de la cámara: castillo, torre, pedraza, piedra hincada, hito... o con la interpretación popular de su origen: casa de los moros o ermita.

La Edad del Bronce

VasijaLos poblados de las primeras etapas de la Edad del Bronce  suelen ser pequeños recintos, rodeados de una frágil muralla, situados  en los altos próximos a los ríos. Poblados de estas características se han detectado en La Pinilla (Carbajosa de la Sagrada), San Pelayo (Martinamor) y en El Torrejón, un anexo de Alba de Tormes.  En Huerta contamos con el yacimiento de Las Cañadas, posible hábitat de época calcolítica, en el que se han recogido, entre otros materiales,  algunas hachas pulimentadas.

Algunos de estos yacimientos están posiblemente en relación con los dólmenes de la zona. En Aldealengua, en el Teso de San Lázaro, han aparecido cerámicas excisas que se remontan a la transición entre la Edad del Bronce y la del Hierro. Pero, sin ninguna duda, el yacimiento más espectacular de esta época que encontramos en el curso medio del Tormes se sitúa en la Mesa del Carpio (Carpio Bernardo, Villagonzalo), altiplanicie en lugar estratégico, defendida de forma natural en casi todo su perímetro.

Situado en un relieve  residual que domina el valle fluvial ofrece características excepcionales. Este yacimiento es espectacular por sus dimensiones (7 hectáreas) y por la riqueza de hallazgos arqueológicos que se conocen de él, aunque no haya sido objeto de excavaciones sistemáticas.

También de esta época es el campo de hoyos excavado en Huerta (La Aceña). Ocupa 3 hectáreas de extensión, superficie en la que se observan varios hoyos circulares que quizás sirvieron de graneros. La cerámica recogida no sitúa en la “facies cultural de Cogotas I”  (s. XII-X a. C.).

Otros yacimientos de la época donde han aparecido materiales son El Bejarano (Martinamor), Las Ollas (Garcihernandez), El Caserío de Castañeda de Tormes y El Soto (Calvarrasa de Abajo).

La Edad del Hierro

A principios del último milenio antes de Cristo se producen algunos cambios culturales de trascendencia fundamental para el devenir de los siguientes siglos, como es la adopción de nuevas tecnologías que van a facilitar una forma de vida estable y permanente. Surgen entonces los primeros poblados amurallados, aunque la consolidación definitiva de estos grupos humanos se producirá a mediados del 1er milenio en un proceso en el que contacto intercultural será determinante.Armas de hierro

Sabemos que el río Tormes representa el límite sur de la expansión final de la gente del Soto Medinilla, posiblemente una etnia nueva, la más representativa de la Primera Edad del Hierro en el centro de la cuenca del Duero, en la segunda mitad del siglo VIII a.C. De esta época -Iª Edad del Hierro- es el poblado del cerro de San Pelayo en Martinamor.

A través de los textos clásicos sabemos el nombre de los distintos pueblos que ocuparon el solar hispano durante la IIª Edad del Hierro, que en el caso de parte occidental de la meseta, donde se ubica Salamanca, era territorio de los vetones.

Esta etapa se caracteriza, bajo el punto de vista técnico, por la generalización del empleo del hierro, que se plasma en numerosa piezas, como las armas, y por el uso de las las cerámicas a torno que, como es sabido, no aparecen de golpe, sino paulatinamente comenzando en nuestro ámbito de este a oeste. Al mismo tiempo que se producen estas trasformaciones se observan cambios sustanciales en el hábitat, como el nacimiento de nuevos núcleos o la vitalización de otros ya existentes, en un proceso que culmina con la aparición de auténticos oppida, al igual que ocurre en la Europa occidental.

De la IIª Edad del Hierro, el yacimiento más representativo que tenemos en la zona, es el situado en La Cuesta de Santa Ana, en término de Garcihernández, ubicado  en el espigón fluvial que forma el río Gamo en su confluencia con el río Almar, posición frecuente de los castros por su función defensiva.

 

HUERTA Y SU ENTORNO EN ÉPOCA ROMANA

La calidad de las tierras debió ser determinante para la explotación, de forma latifundista, que se produjo en esta zona  en los primeros siglos de  la era cristiana. Grandes fincas de la época, pertenecientes a las clases altas de la Salmantica romana que ocuparon la orilla derecha del río Tormes, al este  y noreste de la ciudad.  Aunque la ocupación fue temprana, los mayores testimonios arqueológicos de este poblamiento rural lo componen las villae tardorromanas, fechadas a partir del siglo IV. Destacan por la abundancia de restos la localizada en Aldealengua,  la de la Aceña de la Fuente (San Morales) y la de Castañeda de Tormes.

Conocemos otros muchos yacimientos de la época romana en la comarca, pero la mayoría son de tipología imprecisa; quizás se trate de simples vici, -poblados-, y, en algunos casos, de simples casae. Los más importante, habida cuenta los materiales que se han encontrado en superficie son el de Los Bebederos (Huerta),  La Piñuela (Encinas de Abajo)  o el de Bebimbre  (Garcihernández).

La existencia de dos caminos que se cruzan en el territorio ocupado hoy por nuestro pueblo puede intuirse ya en la época romana. No debe  olvidarse que los dos yacimientos más representativos de esa época se encuentran en la orilla de dichas vías de comunicación, La Piñuela, junto a la actual carretera de Encinas de Abajo a Huerta y Los Bebederos, en el camino viejo de Huerta a Salamanca.

Materiales significativos de estos yacimientos son, aparte de las monedas, una phalera, es decir una condecoración militar, de bronce, procedente de La Piñuela (Encinas de Abajo) con una cabeza de Medusa y datable en el s. III d.C.

Como hallazgo excepcional pueden considerarse los fragmentos cerámicos de esta época con decoración a molde recogidos en Los Bebederos (Huerta).  Los motivos, de tema bíblico, representan escenas del Génesis: El sacrifico de Isaac y los tres  hebreos salvados del fuego por Dios. Estas cerámicas fabricadas en el norte de África no son corrientes en el interior de la meseta y su presencia en Huerta, debe ponerse también en relación con  el tráfico de la vía de la Plata.

Phalera
Calzada romana

HUERTA EN LA EDAD MEDIA.

Asentamientos visigodos

Inscripción visigodaLos grandes latifundios de época romana continuaron su existencia durante el epigonismo del Imperio que supuso la presencia visigoda en la Península Ibérica. La nueva clase dirigente pactó sin demasiados problemas con la antigua aristocracia hispanorromana para mantener  una estructura socioeconómica fuertemente  dependiente en la que la movilidad prácticamente era inexistente.

El hallazgo más característico de esta época en la provincia de Salamanca es la presencia de pizarras grabadas. Su funcionalidad ha sido objeto de múltiples especulaciones. En el tramo medio del Tormes se han recogido ejemplares en El Cenizal (San Morales), en El Soto (Calvarrasa de Abajo),  y sobre todo, en Los Bebederos (Huerta), donde los hallazgos han sido muy numerosos.

Estas pizarras, denominadas visigodas por la adscripción cultural en la que se enmarcan, han sido datadas por los especialistas entre los siglos V y VIII. Entre las decenas de ejemplares que se conocen procedentes de Huerta, se han publicado hasta la fecha once de carácter textual. También se ha recogido uno dibujado que parece mostrar el alzado de un edificio religioso, junto a otros elementos, quizás de “carácter simbólico.

Reconquista y  repoblación

Alfonso VIImpulsada la definitiva repoblación de la actual provincia salmantina por Alfonso VI hacia finales del siglo XI, la primitiva aldea de Huerta probablemente fue poblada en fechas tempranas, debido sin duda a su cercanía respecto de Salamanca y a su ubicación junto al río Tormes. Desde luego su existencia aparece ya documentada hacia mediados del siglo XII, en torno a los años 1163 o 1164, gracias al testamento otorgado por don Vela, un canónigo de la catedral de Salamanca. Don Vela es el primer propietario conocido de Huerta, y estuvo estrechamente vinculado a las órdenes militares, motivo por el cual éstas resultaron las principales beneficiarias de su testamento: Ad Sepulcrum Domini & ad Ospitalem Iherusalem mando meas casas & tota mea aldeia de Orta.

Libro de apeos

Sin embargo las órdenes militares no tuvieron Huerta en su poder por mucho tiempo, y a mediados del siglo XIV el gran hacendado era el arcediano de Toro, don Diego Arias Maldonado, que tenía propiedades en el pueblo y en sus términos. A partir de ese momento las noticias comenzaron a ser más frecuentes, y sabemos que en la década de 1350 Diego Arias cayó en desgracia ante el rey de Castilla Pedro I, el cual le despojó de sus bienes y terminó ejecutándolo en 1360.

Otro de los principales protagonistas en la Huerta medieval fue el cabildo de la catedral de Salamanca, ya que al menos desde el siglo XIV tenía en sus manos una considerable cantidad de propiedades, de las cuales tenemos constancia gracias al llamado Libro de los apeos. En este documento constan en el término de Huerta un total de 59 parcelas, que sumaban una superficie de 104 fanegas de trigo, además de las 125 fanegas que poseía en una heredad llamada San Cristóbal, y que se hallaba vincula también al lugar de Huerta. Por otro lado, junto con la tierra, tenía el cabildo una casa, un corral y dos solares dentro del pueblo.

No obstante, en lo relativo a la autoridad jurisdiccional, ésta se mantuvo siempre en manos de la Corona, de modo que Huerta no hubo de sufrir la presión señorial de otras regiones más cercanas al modelo feudal. El poder lo ostentaba el mismo rey, que delegaba en el concejo de la ciudad de Salamanca, a cuyo amparo se encontraban muchas aldeas como Huerta.


HUERTA EN LA EDAD MODERNA (SIGLOS XVI AL XVIII)

Desde finales de la Edad Media se intensificó el proceso de señorialización rural, comenzando a percibirse un proceso de desmembramiento de aldeas que hasta entonces habían permanecido dentro de la jurisdicción de concejos de villa y tierra. En el caso particular de Huerta podríamos hablar de un proceso de señorialización que se inicia hacia finales del siglo XV y que durará más de un siglo. Los primeros pasos en este proceso los dará el doctor Rodrigo Maldonado de Talavera, que compró la heredad de Huerta a Pedro de Acevedo en 1499. Tras la ejecución de su nieto y sucesor Pedro Maldonado Pimentel, condenado en 1522 por su participación en la guerra de las Comunidades, la propiedad de Huerta pasó a manos de Alonso de Acevedo y Zúñiga, conde de Monterrey. Luego, pese a la inquebrantable oposición de los vecinos, que no dudaron en enfrentarse al conde judicialmente, e incluso físicamente, Huerta terminaría perdiendo su preciada condición de realengo, y fue finalmente vendida su jurisdicción en el año 1628.

Por otro lado, durante el siglo XVI fue cuando Huerta vivió su época de mayor desarrollo económico y demográfico. La riqueza agrícola, alentada sobre todo por el cultivo de trigo y centeno, vino a complementarse con una serie de aceñas o molinos harineros edificados al paso del río Tormes. Dentro del término municipal, pueden documentarse durante este siglo hasta tres aceñas: la llamada Aceña de Huerta, que es la única que ha pervivido hasta hoy, la aceña de la Piñuela, limitando con Encinas, y la aceña de San Bricio, ya cerca del término de Aldearrubia. Además, la riqueza del pueblo se completaba gracias a su privilegiada situación junto a la calzada de Salamanca a Madrid, que alentó la creación de diversos mesones a su paso por el pueblo. De su antigua importancia queda hoy testimonio en el nombre de la principal calle de Huerta, la calle de Los Mesones.

Bajo este impulso demográfico y económico, hacia el primer tercio del siglo XVI comenzó a levantarse en Huerta la actual iglesia parroquial de San Bartolomé, de sólida fábrica de sillería arenisca, un edificio que pudo ser excelente ejemplo de la arquitectura renacentista de no ser por las desafortunadas reformas posteriores. Además, existieron en Huerta durante la Edad Moderna varias ermitas, todas ellas hoy desaparecidas, pero de las cuales conservamos algunos datos. Queda constancia de las ermitas de Santa Marina, documentada ya en 1555, la de San Bricio, que existía al menos desde el siglo XVI, y la de Nuestra Señora de la Santidad o del Camino, ya más alejada del pueblo. Existió, además, un Humilladero a la salida de Huerta en dirección a la Aceña.  Y junto con las ermitas, fue considerable el número de cofradías instituidas en Huerta a lo largo de este periodo, destacando particularmente la cofradía de la Vera Cruz, cuyas ordenanzas datan de 1548, y la cofradía de San Bartolomé, que es aún más antigua. Con posterioridad surgirían algunas más, como la de las Ánimas, la de Nuestra Señora del Rosario, o la del Santísimo Sacramento.

Al avanzar el siglo XVII, a consecuencia de la crisis general que atravesó el reino, y debido también a desastres naturales como la riada del año 1626, la cual destruyó Huerta casi totalmente, nuestro pueblo entró en un periodo de estancamiento que se prolongaría durante siglos. Avanzado el siglo XVIII, la villa no tenía ni la mitad de población que tuvo doscientos años antes.

SIGLO  XIX

Guerra CivilLa Guerra de la Independencia fue el suceso histórico más relevante  que afectara al entorno físico de Huerta durante todo el siglo XIX que se convirtió en lugar estratégico y en escenario de la guerra, debido a su posición junto al Tormes.

Como todo el mundo rural hispano la centuria fue una época de cambios, entre los que cabe destacar el final de los señoríos que supondrá que Los duques de Alba, que hasta ese momento habían sido los señores de Huerta, perdieran sus derechos señoriales.

Un hecho de trascendencia para el devenir del pueblo  fue la construcción de la carretera de Madrid.  Que con su nuevo trazado iba a modificar el viejo camino  que “saliendo del paseo del Rollo seguía por Aldealengua, Huerta y Ventosa”, alejando a estos pueblos de una arteria de comunicación vital para su desarrollo.